La Telerrealidad o los reality shows, son un género televisivo en el cual se muestra lo que le ocurre a personas reales, en contraposición con las emisiones de ficción donde se muestra lo que le ocurre a personajes ficticios (personajes interpretados por actores, de ahí, su efecto de realidad.
Existen tres tipos principales de telerrealidad:
Observador pasivo: la cámara observa pasivamente las actitudes de una persona o de un grupo de personas.
Observador o Cámara escondida: la cámara observa a personas que ignoran que son filmadas. Suele utilizarse en programas que hacen bromas o enfrentan a la gente a situaciones inverosímiles, y filman sus reacciones para entretener a su audiencia.
Concurso de telerrealidad: en este tipo de emisiones un grupo de personas en un ambiente cerrado compiten por un premio, mientras son observados de forma continua por las cámaras.
De esta forma, hay que destacar tres características de la telerrealidad:
Muestra una serie de hechos que, estrictamente, no pueden incluirse dentro de las categorías de realidad y ficción, sino que son la manifestación de una nueva forma de ser: la hiperrealidad televisiva.
Las acciones de los personajes invitados suele basarse en mostrar públicamente hechos relacionados con su vida privada.
Exige la colaboración de personas no profesionales del medio. El objetivo puede ser reforzar la interactividad entre la televisión y el espectador.
Funciones de la telerrealidad
Los teóricos establecen una clasificación de los programas dependiendo de las funciones sociales que se han atribuido a la televisión que son las de formar, informar y distraer, de las cuales derivan, respectivamente, los programas educativos, informativos y de entretenimiento.
Son muchos los autores que coinciden en que este género no pertenece en exclusiva ni a lo informativo, ni a lo educativo, ni a lo espectacular, ni a lo real, ni a lo ficticio, sino que pertenece a todos al mismo tiempo, lo que le convierte en un género "total".
La telerrealidad representa el modo en que la televisión encarna las nuevas funciones a las que tanto el cambio social como los nuevos modos de entender la comunicación televisiva ha conducido. Estos cambios producidos durante las últimas décadas son: la pérdida de credibilidad de las ideologías globalizantes, las constricciones que los acontecimientos económicos proyectan sobre la acción política, la aparición de numerosos escándalos sobre el comportamiento de la clase política, los resultados de la crisis económica, el gran distanciamiento entre electores y elegidos, la inflación informativa... Además, la convivencia entre los profesionales de los medios y los políticos ha creado una opacidad en la información que ha arruinado la autoridad y la legitimidad que poseían las instituciones.
Son muchos los autores que coinciden en que este género no pertenece en exclusiva ni a lo informativo, ni a lo educativo, ni a lo espectacular, ni a lo real, ni a lo ficticio, sino que pertenece a todos al mismo tiempo, lo que le convierte en un género "total".
La telerrealidad representa el modo en que la televisión encarna las nuevas funciones a las que tanto el cambio social como los nuevos modos de entender la comunicación televisiva ha conducido. Estos cambios producidos durante las últimas décadas son: la pérdida de credibilidad de las ideologías globalizantes, las constricciones que los acontecimientos económicos proyectan sobre la acción política, la aparición de numerosos escándalos sobre el comportamiento de la clase política, los resultados de la crisis económica, el gran distanciamiento entre electores y elegidos, la inflación informativa... Además, la convivencia entre los profesionales de los medios y los políticos ha creado una opacidad en la información que ha arruinado la autoridad y la legitimidad que poseían las instituciones.
Sobre los reality shows
Si Gran Hermano es una variante de los reality shows, se hace necesario conocer un poco de la trayectoria de este tipo de formato televisivo, pues los reality show(2) no son una novedad en el mercado televisivo europeo. Empezaron a aparecer en las televisiones públicas a finales de los años 60 e inicio de los 70, en Alemania, Inglaterra e Italia, por ejemplo. Eso significa que la lucha por las audiencias ya había empezado en aquel período, pero la guerra aún no era de verdad. Faltaban por llegar los años 90, la década de la desregulación del medio audiovisual en Europa y de la aparición de los canales privados, para que los reality show se expandieran como un pulpo en las distintas franjas horarias buscando nuevas audiencias.
En 1971, la televisión norteamericana ya hacía experimentos con la telerrealidad y pueden ser considerados los pioneros en este tipo de experimento televisivo. El más importante fue An American Family, donde una familia real - la familia Loud - se sometió a siete meses de filmación ininterrupida, de las cuales 300 horas fueron de toma directa (Rodríguez, 2001:238). Como en Gran Hermano, no había guión, sino una familia de clase media norteamericana haciendo vida normal ante las cámaras. El éxito fue impresionante para la época: 20 millones de espectadores acompañaron, seducidos, la vida de la familia Loud, que durante las grabaciones terminó por separarse.
Se puede decir que los reality show sobreviven a tres fases distintas de la televisión europea: los años 70, cuando la televisión europea va hacia la gente; los años 80, cuando la gente empieza a acercarse a la televisión para contar su vida y sus problemas y en los años 90, cuando la exigencias de recuperar las inversiones, de producir programas a bajo costo y aumentar las audiencias hace que se produzcan cada vez más reality show, donde la gente expone su vida privada en un espacio público. Según Lorenzo Vilches (1996:55), como fenómeno comunicativo, "el reality show representa una transformación del modo de hacer televisión y construir programas"(3).
Vale recordar que, en la neotelevisión, los reality shows aparecieron a partir de la elección de los aspectos más dramáticos de la realidad cotidiana. Según Eliseo Verón(4), "la institución televisión designa como "reality" a aquellas situaciones, relatos y pasiones que aparecen en la pantalla asociadas a personas que no tienen con ella (TV) ninguna relación profesional". Vilches dice que el reality show es un constante revelador del cambio que se ha operado entre la forma de hacer y la forma de mirar la televisión. O sea, este género televisivo tiene un papel importante en la historia de las formas de espectacularización entre televisión y audiencias, ya sea a través de la información, de la ficción o del entretenimiento.Desde su aparición hasta hoy, los reality show fueron cambiando de "ropa" y forma, presentando variaciones más o menos fuertes para la audiencia. Estas variaciones influenciaron también la formade presentar los programas periodísticos, que actualmente incluyen (literalmente) más sangre y violencia a la hora de la comida. Por un lado son mostradas más imágenes de violencia y de otro la ficción pasa a mezclarse con el periodismo. Eso hace con que sea imposible hablar de géneros puros en televisión.
De acuerdo con la investigadora italiana Milly Buonanno (1993), la televisión adquiere cada vez más un interés para el periodismo, de la misma manera las noticias adquieren cada vez más un interés como ficción para la televisión. De esta manera, el "síndrome de realidad" o la "verdad televisiva", como prefieren algunos especialistas, son expresiones metafóricas que se refieren al poder con que cuenta la tecnología de los medios, así como con los intereses y estrategias de los medios de comunicación para aumentar la audiencia.
Vale preguntar entonces, ¿dónde están las fronteras entre ficción y realidad? Cada vez más lo particular invade el colectivo y cada vez más la línea tenue entre ficción y realidad cae por tierra, particularmente cuando entre los actores profesionales encontramos diariamente gente "común y corriente", formando parte de la "puesta en escena". Se puede decir que el "discurso de la actualidad" ya no es el mismo.
Para la investigadora argentina Lilia Ciamberlani (1997: 122-123), ya pasó el tiempo de la visión de la historia como desarrollo lineal, surgida de una idea newtoniana del mundo en donde el espacio y el tiempo eran equivalentes. La narrativa fue el modelo para comprender la historia y también el presente y la separación entre ficción y realidad era algo considerado natural.
Hoy en el lenguaje televisivo hay una forma de presentar el discurso de la actualidad que se fue convirtiendo en lo que la autora argentina llama la imagen real de una realidad ficticia. Según el investigador catalán Doménech Catalá(5), se puede definir los años 90 como una época donde el espacio de la casa es sede de lo real. Pero el lenguaje audiovisual, como el periodismo en general, lejos de describir la realidad en sí, la recorta, organiza, edita y ficcionaliza, produciendo una destrucción de la ilusión ficticia.
Si Gran Hermano es una variante de los reality shows, se hace necesario conocer un poco de la trayectoria de este tipo de formato televisivo, pues los reality show(2) no son una novedad en el mercado televisivo europeo. Empezaron a aparecer en las televisiones públicas a finales de los años 60 e inicio de los 70, en Alemania, Inglaterra e Italia, por ejemplo. Eso significa que la lucha por las audiencias ya había empezado en aquel período, pero la guerra aún no era de verdad. Faltaban por llegar los años 90, la década de la desregulación del medio audiovisual en Europa y de la aparición de los canales privados, para que los reality show se expandieran como un pulpo en las distintas franjas horarias buscando nuevas audiencias.
En 1971, la televisión norteamericana ya hacía experimentos con la telerrealidad y pueden ser considerados los pioneros en este tipo de experimento televisivo. El más importante fue An American Family, donde una familia real - la familia Loud - se sometió a siete meses de filmación ininterrupida, de las cuales 300 horas fueron de toma directa (Rodríguez, 2001:238). Como en Gran Hermano, no había guión, sino una familia de clase media norteamericana haciendo vida normal ante las cámaras. El éxito fue impresionante para la época: 20 millones de espectadores acompañaron, seducidos, la vida de la familia Loud, que durante las grabaciones terminó por separarse.
Se puede decir que los reality show sobreviven a tres fases distintas de la televisión europea: los años 70, cuando la televisión europea va hacia la gente; los años 80, cuando la gente empieza a acercarse a la televisión para contar su vida y sus problemas y en los años 90, cuando la exigencias de recuperar las inversiones, de producir programas a bajo costo y aumentar las audiencias hace que se produzcan cada vez más reality show, donde la gente expone su vida privada en un espacio público. Según Lorenzo Vilches (1996:55), como fenómeno comunicativo, "el reality show representa una transformación del modo de hacer televisión y construir programas"(3).
Vale recordar que, en la neotelevisión, los reality shows aparecieron a partir de la elección de los aspectos más dramáticos de la realidad cotidiana. Según Eliseo Verón(4), "la institución televisión designa como "reality" a aquellas situaciones, relatos y pasiones que aparecen en la pantalla asociadas a personas que no tienen con ella (TV) ninguna relación profesional". Vilches dice que el reality show es un constante revelador del cambio que se ha operado entre la forma de hacer y la forma de mirar la televisión. O sea, este género televisivo tiene un papel importante en la historia de las formas de espectacularización entre televisión y audiencias, ya sea a través de la información, de la ficción o del entretenimiento.Desde su aparición hasta hoy, los reality show fueron cambiando de "ropa" y forma, presentando variaciones más o menos fuertes para la audiencia. Estas variaciones influenciaron también la formade presentar los programas periodísticos, que actualmente incluyen (literalmente) más sangre y violencia a la hora de la comida. Por un lado son mostradas más imágenes de violencia y de otro la ficción pasa a mezclarse con el periodismo. Eso hace con que sea imposible hablar de géneros puros en televisión.
De acuerdo con la investigadora italiana Milly Buonanno (1993), la televisión adquiere cada vez más un interés para el periodismo, de la misma manera las noticias adquieren cada vez más un interés como ficción para la televisión. De esta manera, el "síndrome de realidad" o la "verdad televisiva", como prefieren algunos especialistas, son expresiones metafóricas que se refieren al poder con que cuenta la tecnología de los medios, así como con los intereses y estrategias de los medios de comunicación para aumentar la audiencia.
Vale preguntar entonces, ¿dónde están las fronteras entre ficción y realidad? Cada vez más lo particular invade el colectivo y cada vez más la línea tenue entre ficción y realidad cae por tierra, particularmente cuando entre los actores profesionales encontramos diariamente gente "común y corriente", formando parte de la "puesta en escena". Se puede decir que el "discurso de la actualidad" ya no es el mismo.
Para la investigadora argentina Lilia Ciamberlani (1997: 122-123), ya pasó el tiempo de la visión de la historia como desarrollo lineal, surgida de una idea newtoniana del mundo en donde el espacio y el tiempo eran equivalentes. La narrativa fue el modelo para comprender la historia y también el presente y la separación entre ficción y realidad era algo considerado natural.
Hoy en el lenguaje televisivo hay una forma de presentar el discurso de la actualidad que se fue convirtiendo en lo que la autora argentina llama la imagen real de una realidad ficticia. Según el investigador catalán Doménech Catalá(5), se puede definir los años 90 como una época donde el espacio de la casa es sede de lo real. Pero el lenguaje audiovisual, como el periodismo en general, lejos de describir la realidad en sí, la recorta, organiza, edita y ficcionaliza, produciendo una destrucción de la ilusión ficticia.